Cantabria atesora en su subsuelo una gran riqueza de cuevas de extraordinaria bellezas. Este es el caso de la red de cuevas del Asón, que albergan un mundo subterráneo de espectaculares formaciones estalagmíticas únicas y singulares.

                La Cueva El Soplao se descubre a principios del siglo XX, cuando se exploraban las minas de la Florida. El nombre de la cueva se relaciona con el sonido del viento que penetra por sus galerías.





EXTERIORES DE LA CUEVA

Son 1.500 metros de recorrido con 30 kilómetros de galerías y planos inclinados, situados en la sierra de Arnero, a su vez encuadrada en la sierra del Escudo de Cabuérniga. La sierra, se desarrolla paralela a la costa. Limita al Oeste por el valle del río Nansa y, al Este por el valle del río Bustriaguado hasta Bielba. Las cotas máximas de la sierra se alcanzan en el Castro Rubio  a 680 metros, el Pico Higón a 640 metros, y, el monte Castillo a 490 metros.

Las localidades más próximas a la cueva El Soplao son La Florida y Labarces, pertenecientes al municipio de Valdáliga, y Celis, al municipio de Rionansa y Rábajo al de Herrerías.

               Situándose en los exteriores de El Soplao, se pueden contemplar el Mar Cantábrico, la Sierra del Cuera, Pico Tres Mares, el Naranjo de Bulnes y Peña Sagra. Y, desde lo alto de La Florida, se divisa la Ría de San Vicente de la Barquera, Oyambre y Comillas.


            La comarca Saja-Nansa se ha convertido así, por su valor ecológico en “Ecomuseo”, incluyendo los espacios protegidos del Parque Natural de Oyambre y la Reserva Nacional del Saja. Es un paraíso para el turismo rural y ecológico, con un importante patrimonio histórico-artístico.

            Entre las grandes extensiones de bosques de roble, haya y abedul de sorprendentes coloridos en desde los meses de la primavera hasta el otoño, pululan el ciervo, el corzo, el zorro y el jabalí. Y, ocasionalmente, el lobo y el oso. Alzando la mirada sobre las copas de los bosques se encuentran el buitre, el urogallo y el águila real, el cernícalo y el milano.

            En el otoño, las hojas van creando una alfombra natural, se puede escuchar la llamada de celo de los macho de los venados. Es la “berrea”. Al tiempo, los rebaños de vacas tudancas, especie autóctona que emprende su regreso a los pastos altos.

 





HISTORIA DE UNA EXPLOTACIÓN MINERA

            La explotación minera de la cueva comienza en la segunda mitad del siglo XIX. De ella se extrae la denominada calamina (carbonatos mixtos de zinc), situada en la zona más superficial de la montera de oxidación del criadero del plomo-zinc.

            La historia de la cueva presenta tres grandes etapas:

            1.- 1855-1929: primera etapa de explotación. La “Compañía de Minas y Fundiciones de Santander” lleva a cabo, desde 1855, la primera explotación de las minas de La Florida, Udías y Comillas.

            Si bien la documentación es confusa y escasa, en 1885, se produce una absorción de las compañías, pasando a depender de la Real Compañía Asturiana de Minas.

            2.- 1928-1948: Cierre temporal de la mina.

            3.-1948-1979: segunda etapa de explotación. En 1948 se modifica el sistema de extracción del mineral y sus técnicas. Se realizan planos inclinados interiores y se permite la comunicación entre diversas zonas de trabajo. Se lleva a cabo una mecanización interior y exterior, al tiempo que se construyen galerías de transporte y de desagüe para aumentar el rendimiento de la explotación. De esta forma, se extraían una media de 75.000 toneladas al año de zinc y plomo.







 


INTERIORES DE LA CUEVA

 


 

            La calidad, blancura y sobre todo la abundancia de sus formaciones excéntricas o helictítas está fuera de toda comparación. La composición de sus formaciones por excelencia es el aragonito seguido de la calcita.

            Denominamos excéntricas a todos aquellos espeleotemas que en sección no tienen eje, a diferencia de las estalactitas o estalagmitas. Este tipo de formaciones es lo que realmente hace a la Cueva de “El Soplao” una cavidad “única”, ya que, si bien se encuentran en otras cavidades, nunca con la abundancia, calidad y espectacularidad de ésta.

            Estas concreciones aparecen en el suelo, paredes, techos, encima de antiguas estalactitas, estalagmitas, e incluso de las coladas. Se encuentran principalmente en la zona Oeste de la cavidad, donde
no había entradas naturales (Galería Gorda, Galería del Campamento, La Coliflor y El Bosque).

            Dentro de las excéntricas, y según su composición cristalográfica, encontramos dos tipos: de calcita y de aragonito. Las de calcita suelen presentar formas vermiculares, sin aristas vivas, con color blanco debido a la pureza del carbonato cálcico. Habitualmente, estas concreciones no son huecas, pero pueden tener un fino capilar interior que asegura que la solución cálcica llegue a su extremo. Son de crecimiento extremadamente lento. Se ha realizado un seguimiento durante quince años en una zona concreta, no apreciándose crecimiento alguno. Las de aragonito presentan una composición química idéntica a las de calcita, pero cristalizando en otro sistema diferente y suelen presentar un aspecto mucho más geométrico.

            El aspecto más sencillo es el de “penachos” o “rosetones” de finísimos cristales, semejantes a espinas, de una longitud que oscila entre pocos milímetros hasta algo más de diez centímetros. Suelen encontrarse en los suelos, paredes o sobre cualquier tipo de concreción ya formada, incluso en la roca desnuda. Su crecimiento en la cueva es simultáneo al de las de calcita.

            En Cantabria esta, será la primera cavidad que con un valor puramente geológico se abra al público.

            Existen cavidades, incluso turísticas que poseen este tipo de concreciones en su recorrido pero nunca con la abundancia y grandiosidad de las del Soplao.





 

Fuente: www.elsoplao.es









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